Melo MCA, Garcia RF, de Araujo CF,  Rangel DM, de Bruin PF and de Bruin VMJ Affect Disord 2019, 20: 251: 100-106

doi: 10.1016/j.jad.2019.03.061

 

La actividad física constituye una intervención coadyudante que se puede indicar en diferentes trastornos mentales. El abordaje multidisciplinar del trastorno bipolar recoge recomendaciones generales en relación al ejercicio físico sin embargo existen muy pocos estudios en este campo.

El nivel de evidencia, sobre todo mediante estudios prospectivos, presenta conclusiones inciertas por la escasez de datos. Recientemente la revista Journal Affective Disorders ha publicado un artículo original que tiene como objetivo evaluar la actividad física como un posible factor pronóstico en el trastorno bipolar en relación a diversas variables clínicas como los niveles de ansiedad, la capacidad funcional, el sueño, el número de recaídas o las hospitalizaciones.

Los resultados completos del estudio se pueden consultar en la lectura completa del artículo.

Los autores entrevistaron a 80 pacientes bipolares estables enviados desde diferentes centros de Brasil. La metodología de la investigación incluye las características e intensidad de la actividad física evaluadas mediante el Cuestionario Internacional de Actividad Física, forma breve (IPAQ) así como el análisis de variables sociodemográficas y clínicas tanto transversales como evolutivas.

Los pacientes fueron re-evaluados posteriormente y se revisaron los registros médicos de forma mensual durante 18 meses para identificar posibles recaídas en episodios afectivos y el número de hospitalizaciones psiquiátricas.

Los autores constataron que alrededor de la mitad de los pacientes realizaban actividad física de forma activa. Concretamente treinta y ocho pacientes (47,5%) estaban físicamente inactivos (o sedentarios) y 42 (52,5%) practicaban actividad física de forma activa. Los pacientes físicamente activos tuvieron un índice de masa corporal más bajo (p = 0,006), menor circunferencia de la cintura (p = 0,002), niveles más bajos de ansiedad (p = 0,032) y menos insomnio (p = 0,001).

Los individuos sedentarios revelaron un funcionamiento global más deficiente (p <0,001). Esta disfunción funcional era en todos los dominios: autonomía (p <0,001), funcionamiento ocupacional (p = 0,008), funcionamiento cognitivo (p = 0,013), capacidad de administrar las finanzas (p = 0,012), relaciones interpersonales (p = 0.011) y tiempo libre (p = 0.001). Los pacientes con menos actividad presentaban más episodios del estado de ánimo (p = 0,042) y un número mayor de hospitalizaciones psiquiátricas (p = 0,043) durante el periodo de seguimiento de 18 meses.

En resumen constatamos como este estudio sugiere que la actividad física es un factor de buen pronóstico para los pacientes bipolares eutímicos. Estos resultados refuerzan la necesidad de fomentar esta práctica en entornos asistenciales clínicos. En la misma línea parece útil profundizar la investigación en este campo a diferentes niveles ( tipo/duración de ejercicio recomendado, intervenciones en subgrupos clínicos con mayores tasas de sedentarismo etc…)