Desde hace más de dos meses nos hallamos inmersos en una de las situaciones más inverosímiles que nos ha tocado vivir de manera grupal.

El estado de alarma y la situación de confinamiento forzoso a la que nos hemos visto obligados ha cambiado en gran medida nuestra forma de trabajar, de relacionarnos con los demás, de cultivar nuestros vínculos y también, en muchos casos, nuestra manera de ver la vida. Por ello no es de extrañar que también haya habido cambios a la hora de utilizar las sustancias psicoactivas.

El confinamiento involuntario y prolongado, la incertidumbre de la situación actual y de la futura nos hacen plantearnos muchas cosas. Aquellas personas que no tienen una buena regulación emocional, que han desatendido sus rutinas y actividades y que carecen de una buena gestión del tiempo, tienen mayor riesgo de sufrir un desequilibrio emocional, lo que puede dar paso a la recaída en aquellas personas que se mantenían abstinentes.

No es de extrañar que esta atípica situación socio-laboral-económica en la que nos hallamos inmersos tenga consecuencias a nivel mental, siendo una de las principales secuelas el consumo de sustancias con finalidad evasiva. Las adicciones son un fenómeno socio-psico-biológico, por lo que en circunstancias de cambio social drástico puede darse un incremento de estas patologías.

El alcohol es la sustancia que más se consume a nivel mundial, tanto en situación normal como en situación de confinamiento. En las primeras semanas del confinamiento el consumo de cerveza se incrementó hasta en un 76% en la población general, siendo este incremento más notorio en aquellas personas que vivían solas o que les había tocado realizar el confinamiento sin compañía.

Además, en la población general, antes el consumo de alcohol estaba más relegado a las reuniones sociales de fin de semana, siendo más bajo durante las jornadas laborales. Con el confinamiento, el teletrabajo y las videollamadas grupales, el consumo de alcohol puede llegar a realizarse diariamente, perdiendo así algunas de las barreras impuestas. Hasta se ha incrementado la venta de bebidas alcohólicas a domicilio.

Otra de las cosas que ha destapado el confinamiento es el beber en soledad; a menudo se entiende el consumo de alcohol como un consumo social y se minimizan las consecuencias negativas de ello. Pero en este momento la vida social está limitada, y muchas personas que se refugiaban bajo la premisa de “bebedores sociales” han encontrado un refugio en el alcohol, siendo utilizado como ansiolítico, hipnótico y evasor.

El confinamiento, la soledad, la escasez de otras sustancias psicoactivas, la falta de recursos económicos para consumir otras sustancias… han hecho que muchas personas que estaban abstinentes o que no consumían alcohol por consumir otras sustancias, hayan incrementado el uso de alcohol.
En los centros de asistencia a pacientes que tienen problemas con las adicciones se ha notado un incremento notorio en las recaídas del consumo de alcohol, y de las intoxicaciones patológicas en domicilio.

Debido a este alarmante incremento del consumo de alcohol, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un comunicado alertando que el consumo de alcohol no proporciona inmunidad frente al COVID y señalaba que el consumo de alcohol puede incrementar la vulnerabilidad personal, los comportamientos y situaciones de riesgo y exacerbar los problemas de salud tanto física como mental.

Se prevé que el incremento del consumo de alcohol más el aislamiento social, la pérdida de proyectos vitales, las consecuencias económicas, las pérdidas familiares y los duelos, den lugar a un incremento de la prevalencia de patologías en salud mental. Se prevé un incremento de las consultas por trastornos adaptativos, depresión, trastornos de ansiedad, adicciones, fobias, trastorno por estrés postraumático y burn out, entre otros.

Otra de las sustancias que más se están consumiendo en estos momentos son los hipnosedantes.

Respecto a las sustancias psicoactivas ilegales tales como el cannabis, la cocaína y la heroína, su consumo ha descendido debido a la escasez de materia prima en las calles. Hay menos oferta y por ello menos consumo de estas sustancias. Esta situación se ha notado tanto en las intoxicaciones que se atienden desde los servicios de urgencias como en el descenso de usuarios de las salas de venopunción, además de que los propios consumidores lo reportan.

Cabe destacar que desde los servicios de drogodependencias se ha notado un incremento sustancial de personas que inician tratamientos sustitutivos para la heroína.

De manera paralela a la disminución del consumo de las drogas coloquialmente calificadas como “duras”, se ha constatado que los usuarios habituales de estas sustancias han incrementado el consumo de alcohol e hipnosedantes, sobre todo de benzodiacepinas.

Las benzodiacepinas están siendo muy demandadas por las personas que abusan de las sustancias depresoras del sistema nervioso central, por ello, como prescriptores, debemos estar alerta de esta situación para poder detectar estas situaciones y derivar a los pacientes a los recursos especiales para tratar estas adicciones. Y, por otro lado, ser cautos en nuestras prescripciones debido al potencial abuso de personas ansiosas.

Respecto a las adicciones sin sustancia, el juego patológico también se ha incrementado durante estos meses, habiéndose duplicado la demanda de consultas por este trastorno. A pesar del cierre de los establecimientos hosteleros, de las casas de apuestas y de las Loterías y apuestas del Estado, se ha producido un incremento de las apuestas o juegos online. Las casas de apuestas han incrementado su publicidad en internet, haciéndose más visibles para estas personas en riesgo.

Como siempre, unos de los grandes afectados por las adicciones de una persona son las personas que conviven con ella o las familias más cercanas. Durante el confinamiento se están viviendo situaciones muy tensas en muchos hogares españoles.

La ansiedad, la frustración, el craving, la abstinencia… dan lugar a irritabilidad, hostilidad y en muchos casos dan paso a episodios de auto y heteroagresividad.

Por todo ello, durante los meses que llevamos de pandemia, los recursos ambulatorios de atención a las personas que padecen alguna drogodependencia se han mantenido abiertos y se prevé que deban atender a más pacientes nuevos que en condiciones normales. Esto debería tenerse en cuenta para poder incrementar los recursos tanto ambulatorios como hospitalarios y de larga estancia en adicciones.