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Cambios producidos por la crisis COVID19 en el día a día en el servicio de psiquiatría de adultos del Hospital Clínic de Barcelona

Cambios producidos por la crisis COVID19 en el día a día en el servicio de psiquiatría de adultos del Hospital Clínic de Barcelona

En la siguiente reseña se realizará un breve recorrido de los principales cambios que, bajo la visión personal del autor como especialista de la sala de agudos, se han ido produciendo en el día a día del servicio psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona. Aunque la adaptación de cada servicio de psiquiatría a esta crisis se ha caracterizado por la heterogeneidad, seguramente algunos de los cambios han sucedido también de modo similar en otros servicios de nuestro entorno (1,2).

Empezando por cambios de tipo organizativo, nuestro centro optó por mantener la sala de agudos libre de enfermos con COVID-19. Esto ha supuesto que los pacientes permanecen en urgencias hasta tener el resultado negativo de una PCR para SARS-CoV-2 antes de ingresar en la sala. En caso de frotis positivo, los pacientes han sido ingresados en salas del resto del hospital para pacientes COVID (y seguidos por el equipo de psiquiatría de enlace, que se ha ampliado para tal fin), o derivados a otros dispositivos en función de su estado psicopatológico y físico (p. ej. hoteles, hospitales de campaña, otros dispositivos psiquiátricos …). Dichas urgencias fueron trasladadas durante los días de más afluencia a la propia sala de agudos, volviendo a su lugar habitual en el edificio de urgencias al ir disminuyendo el número de nuevos pacientes con COVID-19.

Esta situación ha tenido que convivir con el hecho que algunos de los especialistas y residentes del servicio de psiquiatría han pasado a formar parte de los equipos que interviene con enfermos COVID-19 o reforzar la hospitalización domiciliaria, que ha visto aumentada su actividad.

Paralelamente, hemos presenciado un cierre parcial dispositivos ambulatorios, en los que se mantiene una mínima actividad presencial (principalmente de enfermería) y un gran volumen de visitas se realizan de manera telemática. También se han cerrado de manera total algunos dispositivos, como el hospital de día, y las derivaciones a unidades de media estancia, o comunidades terapéuticas.

Todas las reuniones de coordinación entre profesionales han pasado a hacerse también de manera telemática, o bien con el número mínimo de profesionales (p. ej. reunión de cambio de guardia de cada mañana).

En cuanto a los cambios en el funcionamiento diario de la sala de hospitalización, éstos han dependido en parte de la disponibilidad variable tanto de tests diagnósticos como de equipos de protección individual, que han ido mejorando tras las primeras dos o tres semanas. En general hemos presenciado una disminución del número de ingresos habituales vía urgencias y se han cesado los ingresos programados (p. ej. desintoxicaciones). Aunque con excepciones, también se ha registrado una disminución de la estancia media de los ingresos. Todo ello ha comportado una disminución del número total de ingresos. Esto nos ha permitido mantener la mayoría del tiempo a los pacientes en habitaciones individuales (suelen ser de dos personas), así como poder llevar a cabo una disminución del personal y establecer turnos, con la intención de disminuir el riesgo de infección de dicho personal.

Todo el equipo de profesionales que interviene en la sala de hospitalización ha ido implementando y ayudando a los pacientes una serie de medidas generales para disminuir el riesgo de contagio. Estas medidas incluyen mantener la distancia interpersonal entre pacientes (p.ej. en la sala común) y con el personal (p. ej. visitando en la habitación en vez de en los despachos), supresión de actividades grupales (grupos psicoeducativos, terapia ocupacional, …), higiene de manos, uso de mascarillas quirúrgicas, supresión de visitas y permisos con familiares.

En nuestro día a día también hemos tenido que adaptarnos a realizar una mayor supervisión de síntomas físicos, especialmente de los sugestivos de COVID-19, implementando una monitorización sistematizada de la temperatura (cada 8 horas).

Finalmente, conviene ni que sea mencionar algunos cambios que hemos tenido que adoptar en el manejo terapéutico de los pacientes que atendemos. En pacientes que están siendo tratados para COVID-19, conviene tener presentes las interacciones farmacológicas de dichos tratamientos con los psicofármacos que nosotros prescribimos. También se han publicado e implementado una serie de recomendaciones en pacientes en tratamiento con clozapina (3). Se han tenido que introducir cambios en el procedimiento de administración de terapia electroconvulsiva (TEC), que ha visto reducido su actividad a un 20-30% de la habitual, especialmente en pacientes en programa de mantenimiento. Finalmente, se ha tenido que adaptar el circuito habitual para asegurar la administración de antipsicóticos inyectables de larga duración.

Junto a estos cambios, la determinación de muchas de las personas implicadas en gestionarlos y la capacidad de adaptación y compromiso de los equipos ha permitido, bajo mi punto de vista, atender a la mayoría de las demandas asistenciales de manera satisfactoria, desescalando de manera progresiva algunas de estas medidas y volviendo lentamente a un funcionamiento más parecido al habitual.

Referencias:

  1. Lessons learned from the coronavirus health crisis in Madrid, Spain: How COVID-19 has changed our lives in the last two weeks. Arango, C. Biological Psychiatry, In press.
  2. The COVID-19 outbreak and psychiatric hospitals in China: managing challenges through mental health service reform. Xiang YT, et al. Int J Biol Sci. 2020.
  3. Consensus statement on the use of clozapine during the COVID-19 pandemic. Siskind D et. al. J Psychiatry Neurosci. 2020 Apr 3;45(4):200061.

Dr. Miquel Bioque

Licenciado en Medicina, Máster en Investigaciones y Ciencias Clínicas y Doctor en Medicina por la Universidad de Barcelona.

Se especializó en psiquiatría en el Hospital Universitario Mutua de Terrassa (2005-2009). Desde el año 2009 desarrolla su actividad asistencial, investigadora y docente en la Unidad de Esquizofrenia del Instituto de Neurociencias del Hospital Clínic de Barcelona y el Centro de Investigaciones Biomédicas en Red en Salud Mental (CIBERSAM) del Instituto de Salud Carlos III. Desde 2016 es el responsable del Programa de Terapia Electroconvulsiva y del Hospital de día de Trastorno Mental Severo del Hospital Clínic de Barcelona.

Su línea de investigación principal es el estudio de las características clínicas y las interacciones gen-ambiente de los trastornos mentales. En 2013 presentó su tesis doctoral bajo el título “Neuroinflamación en primeros episodios de psicosis” premiada como mejor tesis doctoral en medicina del año por la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica y por la Fundación Pfizer.

Ha publicado una treintena de artículos en revistas indexadas, con un factor de impacto general superior a los 100 puntos, así como diversos capítulos de libros y tres monografías.

Es el responsable de esta área en la página web de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica y colaborador docente del grado de Medicina de la Universidad de Barcelona, además de en máster y postgrados universitarios.

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