En los países desarrollados, existen altas tasas de enfermedades mentales, siendo las patologías más prevalentes los trastornos de ánimo y de ansiedad. Los estudios han demostrado que las condiciones adversas de la vida y los factores de predisposición genética, contribuyen al riesgo de padecer trastornos mentales. Por este motivo, se está investigando cada vez más la relación existente entre estrés psicosocial y efectos neurobiológicos, con el fin de poder desarrollar intervenciones más específicas y efectivas. Se plantean incluso, poder llegar a hacer un diagnóstico basado en el mecanismo responsable de la enfermedad, en lugar de realizar el diagnóstico basado en síntomas como se realiza en este momento. Poniendo de ejemplo la diabetes, en la cual existe una respuesta autoinmune contra células del páncreas (somos conocedores de lo que ocurre en el cuerpo, y por lo tanto, entendemos las consecuencias de ello) se desea lograr el mismo nivel de entendimiento en la enfermedad psiquiátrica.

En el caso del trauma en la infancia, se ha encontrado que conlleva una activación de circuitos neuronales. La activación de ciertas neuronas conduce a cambios epigenéticos. Por otro lado, el trauma temprano activa al mismo tiempo el sistema de la hormona del estrés, la cual tiene efecto a nivel generalizado en el cuerpo. Todo ello conlleva cambios en la forma que una persona tiene de responder al estrés, dando lugar a posibles trastornos psiquiátricos futuros.

Los estudios realizados en la actualidad, se centran en el gen FKBP5 (un gen importante en la regulación del estrés). Se trata de un gen sensible al estrés, por lo que su activación excesiva conllevará una respuesta de cortisol prolongada. El estrés que ocurre en la infancia (el abuso, el maltrato…) conllevará una excesiva respuesta al cortisol en individuos con variantes genéticas del gen FKBP5, predisponiendo a estar en riesgo de una serie de trastornos psiquiátricos (depresión mayor, TEPT y psicosis). Se están realizando cada vez más estudios en niños para poder entender los efectos del trauma, sin embargo, es necesaria una investigación longitudinal para entender el momento en el cuál empiezan los cambios epigenéticos y las consecuencias que ello conlleva en la edad adulta.

En el futuro se espera poder identificar biomarcadores en personas en riesgo, así como poder disponer de tratamientos farmacológicos. El desarrollo de una molécula que bloquee el efecto del gen FKBP5, conllevaría un mayor afrontamiento del estrés y la reducción de la ansiedad.