Se ha dicho que la obra de William Faulkner (1897-1962) es una “mina de oro” para la formación humanística y filosófica de los médicos (Kirkland, 2001; Read, 2003). “Mientras agonizo” (“As I Lay Dying”, 1930), por ejemplo, se ha utilizado para ilustrar la naturaleza de las disfunciones y enredos familiares, el trabajo del duelo, la ansiedad ante la muerte y el profundo sentido biológico del altruismo (Robertson 1991; Caballero, 2007). Según Joseph Blotner (1994), su biógrafo más famoso, Faulkner escribió esta novela en solo seis semanas al tiempo que trabajaba temporalmente como calderero nocturno.

Al parecer (Coy, 1989), tomó el título del canto XI de la Odisea en el cual el espectro de Agamenón relata a Ulises como, mientras agonizaba herido por su rival Egisto, Clitemnestra, su esposa, se apartaba de él. Con el trasfondo de este mito  – cuya comprensión por Faulkner ha sido discutida – , el autor revela las tribulaciones viajeras del padre y los cinco hijos de la familia Bundren para enterrar a Addie, la madre recién fallecida, en Jefferson, capital del mítico condado de Yoknapatawpha, “lugar en el que Addie había nacido y en el que quería ser enterrada”.

La novela tiene una estructura poliédrica compuesta por cincuenta y nueve soliloquios y locuciones directas de quince personajes cuya intimidad el lector va conociendo poco a poco, monólogo a monólogo.

Núcleo de la cohesión y de la unidad familiar, Addie, aunque está muerta, hace un monólogo muy famoso (el número 39) que comienza en la evocación de una idea que su padre le inculcó de niña:  “… el sentido de la vida es prepararse para estar mucho tiempo muerta…”. Luego recuerda como, ejerciendo de maestra, joven y soltera,  “… cuando tenía que ver a los niños en la escuela día tras día, cada uno con sus secretos y egoísmos, con una sangre extraña cada uno de ellos … y pensaba que éste era el único modo de prepararse para morir, odiaba a su padre por haberla engendrado …”. Mas adelante acepta sin entusiasmo casarse con Anse. Pero cuando sabe que va a tener un hijo de él, siente “… que la vida es terrible y que esto es lo que nos trae …” y le surge una idea que se hace central en ella: “… comprende que las palabras no sirven para nada, que no se corresponden ni siquiera con lo que quieren decir…”; y un poco mas adelante: “….cuando nació Cash comprendí que la maternidad había sido inventada por alguien que necesitaba una palabra para llamarla, porque a las que tienen hijos no les interesa si existe o no una palabra para eso“ … “sabía que esa palabra era como las demás: solo una forma de llenar una carencia”.

Entonces comienza a sentir que Anse y Cash habían violado su soledad y los odia por ello. Pero muy pronto, la misma presencia de su marido le permite restablecer la soledad y, a la vez, vengarse de él: lo vive como un extraño, lo imagina muerto, convertido en un licuado con el que llena y etiqueta una jarra que olvida en un estante y  entonces “vuelve a escuchar el oscuro silencio donde las palabras no son hechos, sino huecos en las carencias de la gente que bajan como los graznidos de los patos desde la salvaje oscuridad de las noches de antaño, tanteando los hechos, como huérfanos a los que les señalan dos rostros en una multitud y les dicen: ese es tu padre, tu madre”. Confusa e insatisfecha tras su segunda maternidad (la de Darl), cada vez más extraña a si misma, Addie trata desesperadamente de encontrar sentido a su vida en “el deber de los vivos para con la terrible sangre, la amarga sangre roja que corre hirviente por la tierra”.

Y comienza así a verse con un amante (el pastor Whitfield) del que queda pronto embarazada de Jewel, su tercer hijo. La pasión termina bruscamente tras el nacimiento de Jewel, que “amansa la sangre salvaje” de Addie y la traslada a otro tramo de su periplo vital:  “… luego ya no hubo mas que leche caliente y tranquila y yo yaciendo en calma en el lento silencio, dispuesta a limpiar mi casa”. Vuelve a pensar la frase de su padre y ahora cree entenderla  “incluso mejor que él, porque un hombre no puede saber lo que significa limpiar la casa después”. Para “limpiar la casa”, no acepta la propuesta de Cora, su vecina piadosa y cotilla  (“arrodillarse y rezar”), porque “solo para personas como Cora, para las que el pecado es una cuestión de palabras, la salvación es también una cuestión de palabras”.

Tampoco vuelve a Anse, sigue rechazándolo como si siempre lo hubiese hecho, porque “en la intimidad, las cosas nunca empiezan o terminan claramente”. Y buscando para ello “palabras que tengan un valor nuevo y firme”, inicia una compleja “auto-redención” que resume así: “Le di Dewey Dell (el cuarto hijo) a Anse para anular lo de Jewell y luego le di a Vardaman (el quinto) para reemplazar al hijo que le había robado. Y ahora tiene tres hijos que son suyos y no míos”. Después, Addie Bundren se considera extrañamente en paz con el mundo y se prepara para morir.

En los monólogos de su marido, sus hijos y el resto de los personajes, la intimidad de Addie resulta muy opaca (Williams, 1977). En las apenas 5 páginas de su propio monólogo, los sucesivos desplazamientos del centro gravedad de su intimidad y de su conducta a lo largo del ciclo vital quedan perfectamente aclarados.

Addie Bundren ha sido objeto de innumerables análisis literarios y culturales (Williams, 1977; Coy, 1989; Robertson, 1991; Gordon 2002; Read, 2003; Parini, 2004). Se la ha considerado desde una mujer “violenta, egocéntrica y sádica, con una filosofía de la vida que infecta y trastorna a una familia entera”, hasta una “heroína  wittgensteiniana y feminista”. Pero nadie discute el portentoso modo literario  – esa continuidad entre las voces viva y muerta de Addie – con el que Faulkner expone su flujo de conciencia y captura los procesos mentales de los que procede, incluyendo los rincones más oscuros e inacesibles.

El mismo año 1930 en el que Faulkner publicó “Mientras Agonizo”, el psicólogo bieloruso Lev Vigotsky postuló la coexistencia de dos “lenguajes” en el adulto (Wertsch, 1985): llamó a uno lenguaje privado (interno, asociativo, asintáctico, en ocasiones incomprensible) y a otro lenguaje adaptativo (externo, lineal, sintáctico, lógico e  instrumento de la comunicación social). Vigostky pensó que el lenguaje privado se interiorizaba y desaparecía de la vista a partir de los 5 años para convertirse  en el “lenguaje de la intimidad” del ser humano.

Radicalmente condicionado por la relación con los padres y por la adquisición de las funciones simbólicas, frágil y siempre como a medio terminar, este lenguaje de la intimidad se manifestaría siempre de modo indirecto y su forma más visible sería el “flujo de la conciencia”. Psicólogos de otras orientaciones también le han llamado “lenguaje del self”, el vehículo por excelencia del modo mental que conectaría entre si los pensamientos y los sentimientos de cada ser humano haciéndolo único, genuino y reconocible.

Tuvo que pasar mucho tiempo desde que Faulkner escribió estos monólogos interiores para que se empezara a conocer la naturaleza de las redes neurales y las funciones mentales que los hacen posibles  (Buckner y cols., 2008). No fue la primera, ni la última vez, que investigadores en neurociencia han encontrado un poeta transitando por delante el mismo camino que ellos.

Se ha dicho que Faulkner fue el único modernista americano realmente grande de los años 30 (Gordon, 2002; Parini 2004). Quien lo lea por primera vez puede encontrarlo oscuro, hermético y desordenado. Los monólogos interiores generan frases muy largas, el ritmo se quiebra a cada paso y se alteran con frecuencia las convenciones del lenguaje escrito. Además, su obra está muy interrelacionada y resulta difícil de leer aisladamente. Algunos personajes aparecen en varias novelas y no siempre se presentan. Sin embargo, el esfuerzo de atención y de paciencia suele compensar con creces cuando se le descifra y se le reconoce, porque entonces termina por imponerse a los desbordamientos del relato un orden misterioso y fascinante con una extraordinaria cualidad para mostrar el interior de los personajes. Para psiquiatras y psicólogos en formación, un tesoro.

 

Bibliografía

  • Blotner J. Faulkner. Una biografía. Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
  • Buckner RL, Andrews-Hanna JR, Schacter DL. The Brain´s Default Network: Anatomy, Function, and Relevance to Disease. Annals of the New York Academy of Sciences 2008; 1124: 1-38.
  • Caballero L Un comentario clínico sobre “Mientras Agonizo” de William Faulkner. En: Montejo, AL. Sexualidad, psiquiatría y biografía. Madrid: Glosa 2007.
  • Coy, J. Introducción. Faulkner W. Mientras agonizo. Madrid: Cátedra, 1989
  • Faulkner W. As I Lay Dying: the corrected text. New York: Vintage International, 1991.
  • Gordon, D. «Faulkner, William». En: Bloom, H (ed.). William Faulkner, Bloom’s BioCritiques. Philadelphia: Chelsea House Publishing, 2002.
  • Kirkland, K. On the value of William Faulkner to graduate medical education. Literature and the Arts in Family Medicine Education 2001; 33: 663-666.
  • Parini J. One Matchless Time: A Life of William Faulkner. New York: Harper Collins, 2004.
  • Read, RJ. Literature as philosophy of psychopathology: William Faulkner as Wittgenstein. Philosophy, Psychiatry & Psychology 2003; 10: 115:124.
  • Robertson JL. The individual and the family: Faulkner´s a As I Lie Dying. Arizona Quartely 1991; 16: 26-38.
  • Wertsch JV. Vygotsky and the social formation of mind. Cambridge, Mass: Harvard University Press, 1985.
  • Williams, D. Faulkner´s Women: The myth and the muse. Montreal: McGill-Queens UP, 1977.