“Me enseñaron que el cerebro era la joya de la corona de la evolución hasta ahora, pero creo que es un esquema muy pobre para sobrevivir” Kurt Vonnegut.

Yeste y Lee (2019) han revisado recientemente la literatura empírico-experimental en torno a la noción de “sabiduría” publicada a partir de la década de los años 70 del siglo pasado. El primer obstáculo que encontraron era la propia definición de “sabiduría”, ya que las ideas al respecto se apoyan en tradiciones filosóficas y religiosas muy variadas. Sin embargo, cuando las compararon entre sí comprobaron que los conceptos nucleares de todas ellas no variaban mucho, desde la Biblia y el Bhagawad Gita, hasta los filósofos y los estudios científicos de nuestros días. Eso hizo pensar que la sabiduría podía tener una base neurobiológica y un valor evolutivo añadido.

Mediante procedimientos sistemáticos de consenso, distintos autores acordaron que la sabiduría esté compuesta por seis factores diferentes: 1) El conocimiento general de la vida y la capacidad de tomar decisiones sociales; 2) la autorregulación emocional; 3) la capacidad de conductas prosociales como la empatía y la compasión; 4) la introspección o “insight”, 5) la aceptación de diferentes sistemas de valores y 6) la toma de decisiones acertadas. Algunos añadieron la espiritualidad, la apertura a las nuevas experiencias y el sentido del humor. Con estos conceptos como base se construyeron diversos instrumentos psicométricos para la “sabiduría” (como los 3dWS, SANS o SD-WISE) y aunque ninguno ha sido aceptado por todos los investigadores (Glück, 2018), distintos estudios han mostrado que las puntuaciones altas en ellos correlacionaban con la salud física y mental, el bienestar, la satisfacción, la felicidad percibida y la resiliencia. Yeste y Lee proponen también en esta revisión un modelo para apoyar y desarrollar la sabiduría en cada momento del ciclo vital, tomando en cuenta factores genéticos, epigenéticos, ambientales y neurobiológicos .

El conocimiento de las bases neurobiológicas de un concepto complejo como es la “sabiduría” no tiene un abordaje fácil con los métodos disponibles por neurociencia cognitiva contemporánea, a saber (Eagleman y Downar, 2016): métodos conexionales (tractografías), correlacionales (neuroimagen funcional), lesionales (en enfermedades neurodegenerativas, traumatismos, tumores y lesiones vasculares cerebrales) y por estimulación (estimulación magnética transcraneal y otras).

(Figura 1)

Aceptando esas limitaciones y tras la revisión de los estudios, Yeste y Lee proponen un modelo de soporte neurobiológico al concepto de sabiduría (Figura 1) que implica las siguientes estructuras y funciones asociadas:

  • Córtex cingulado anterior (decisiones sociales, homeostasis emocional, valores, manejo de la incertidumbre)
  • Córtex cingulado posterior (decisiones sociales, actitudes prosociales, espiritualidad)
  • Nucleos estriado y acumbens (decisiones sociales, actitudes prosociales)
  • Amígdala (decisiones sociales, homeostasis emocional)
  • Cortex prefrontal medial y ventromedial (decisiones sociales, homeostasis emocional, autoreflexión, espiritualidad)
  • Córtex orbitofrontal (decisiones sociales y homeostasis emocional)
  • Ínsula (conductas prosociales, decisiones sociales, homeostasis emocional)
  • Córtex lateral y dorsolateral (decisiones sociales, homeostasis emocional, relativismo de los valores, manejo de la incertidumbre y la ambigüedad).

En resumen, casi todo el cerebro que tiene que ver con la emoción y la cognición humanas. Nada inesperado, por otra parte.

Los autores también aventuran explicaciones de la asociación contrastada entre sabiduría y edad, incluida la versión evolucionista de la denominada “hipótesis de la abuela” (que asocia la menopausia en la mujer a la redirección de sus energías hacia los descendientes de modo que refuerza la supervivencia de sus genes a través del cuidado de las generaciones más jóvenes). Así citan un estudio de Hawkes y otros (1997) entre los Hatza (una sociedad de cazadores y recolectores de Tanzania) que comprobó como los cuidados de las abuelas correlacionaban con la longevidad de los nietos; y otros realizados en sociedades modernas (Attar-Schwartz y otros, 2009) que muestran como la participación de los abuelos en la educación de los nietos limita sus problemas emocionales, mejora su ajuste y fomenta sus actitudes prosociales .

Los filósofos y científicos sociales coinciden en la idea de que la sabiduría implica ciertos aspectos del pensamiento (el sentido común intelectual, el reconocimiento de la incertidumbre y de los cambios,…) que permiten su aplicación exitosa a los desafíos de la vida. Pero la evidencia empírica (Grossman, 2017) indica que la capacidad de las personas para pensar (y actuar) con sabiduría varia dramáticamente en función de los contextos y las situaciones, de su momento de ciclo vital, de la experiencia previa y que se pone a prueba cuando implica a uno mismo o sus intereses personales (se ha postulado un set específico al respecto). Dicho de otro modo: los aspectos experienciales, las situaciones concretas y los condicionantes culturales son elementos configuradores de la sabiduría mucho mas importantes de lo que se pensaba y los estudios científicos tienen que encontrar la forma de tenerlos en cuenta.

En resumen, hay una enorme fisura entre la complejidad del fenómeno “sabiduría” y lo que la neurociencia puede explicar de ella. Por ahora resulta mas fácil reconocerla (y admirarla) de manera natural en algunas personas que conocerla científicamente. Queda mucho por saber de la sabiduría. Y más aun de su conexión con las ciencias particulares, como advirtió hace ya mucho Maritain (1944).

Referencias

  • Attar-Schwartz K y otros. Grandparenting and adolescent adjustement in two-parent biological, lone-parent, and step-families. J Fam Psychol 2009; 23:67-75.
  • Eagleman D Downar J Brain and Behaviour. A Cognitive Neuroscience Perspective (pgs. 9-16). New York: Oxford University Press, 2016.
  • Glück J. Measuring wisdom: existing aprproaches, continuing challenges and new developments. J Gerontol B Psychol  Soc Sci Soc 2018; 73: 1393-1403.
  • Grossman I. Wisdom in context. Pespect Psychol Sci. 2017; 12: 233-257.
  • Hawkes K y otros : Hadza women´s time allocation, offspring provisioning and the evolution of long postmenopausal life spans. Curr Anthropol 1997; 38: 551-577.
  • Jeste DV, Lee EE. The emerging empirical science of wisdom: definition, measurement, neurobiology, longevity and interventions. Harvard Review of Psychiatry 2019; 27: 127-140.
  • Maritain J Ciencia y sabiduría: Buenos Aires: Desclée de Brouwer, 1944.