Los déficits neurocognitivos que pueden aparecer en el trastorno bipolar constituyen uno de los campos de investigación más relevantes en la actualidad.  Diferentes datos sugieren  que algunas funciones cognitivas,  como por ejemplo la atención sostenida, pueden presentar alteraciones clínicas de forma independiente al estado de ánimo. No conocemos las causas de esta relación pero  diversos autores han intentado estudiar la implicación de diversos factores en esta circunstancia.

Recientemente la revista Psychological Medicine ha publicado un original en esta línea. El articulo analiza la relación entre distintos parámetros físicos, como los niveles de actividad, el sueño y el índice de masa corporal (IMC) en el posible desarrollo del deterioro cognitivo en la enfermedad bipolar.

La muestra está compuesta por 88 sujetos (46 con trastorno bipolar y 42 controles) que han requerido  una monitorización  continua durante 3 semanas mediante un acelerómetro triaxial que registraba distintas variables físicas relacionadas con la actividad física, el sueño y los ritmos circadianos.

La metodología recoge distintas variables sociodemográficas, clínicas y baterias neuropsicológicas relacionadas con los objetivos del estudio. Posteriormente los autores analizan los resultados mediante técnicas estadísticas como análisis de regresión jerárquica para examinar si la actividad física, el IMC, el ritmo circadiano y el sueño pueden predecir la variación en el rendimiento de las tareas cognitivas estudiadas.

Se pueden consultar todos los resultados del estudio en la lectura completa del articulo original. Los autores constatan que las anomalías del sueño pueden predecir significativamente una mayor variabilidad intra-individual de las distribuciones del tiempo de reacción en la Tarea de la Red de Atención. Es decir, encuentran una relación entre disfunción del sueño y neurocognición. Sin embargo, no encuentran variaciones significativas con los parámetros de actividad física, índice de masa corporal o ritmos circadianos ya que ninguna de estas variables predice diferencias relevantes en las tareas cognitivas estudiadas.

Estos datos avalan la importancia del sueño en la enfermedad bipolar y plantean un nivel de evidencia en el papel que puede desempeñar en el desarrollo de los déficits neurocognitivos. Parece importante profundizar en este campo e incluso considerar intervenciones globales que puedan reducir el impacto a este nivel.