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Markus Gabriel: cerebro, mente, Geist

Markus Gabriel: cerebro, mente, Geist

Markus Gabriel (Renania-Palatinado,1980) es uno de los nuevos filósofos académicos alemanes más destacados y mediáticos. En enero de 2017 dictó una conferencia en la Universidad de Laval (Quebec) que se editó después en un libro, acompañada de comentarios de varios colegas (Gabriel, 2019).

Jocelyn Maclure, su prologuista en el libro, enmarca a Gabriel en una tradición de eruditos contrarios a confiar excesivamente en el discurso científico para comprender la realidad y la existencia humanas y convencidos de que estados mentales como los deseos, las intenciones o las creencias no se pueden explicar completamente en términos de procesos naturalistas físicos o biológicos.

Gabriel comienza el libro negando que exista un fenómeno único que se corresponda con el término mente, porque piensa que ese concepto no pertenece al orden natural de las cosas, sino a una estructura de campos de sentido que integra todo el vocabulario mentalista, a la cual llama Geist (“espíritu” o “mente” en sus traducciones habituales, aunque pide mantener el término alemán para conservar la amplitud y el carácter específico que quiere darle).

El Geist es un concepto que no existe como objeto material en el universo y que procede de una tradición venerable (y quizá benévola) que nos formula como seres inteligentes. Gabriel piensa que el naturalismo lanza sobre el Geist “una simple cortina de humo para ocultar la bochornosa ausencia de un concepto que sostenga su existencia y plantee su integración en un ámbito mas amplio”; es decir, capaz de contener también conceptos como el Big Bang, las sensuales descripciones de los vinos, los bosones de gauge, la música pop, las razones de la atracción entre los seres humanos, las comedias de Shakespeare y todo aquello materialmente intangible que influye y configura al ser humano. En lo que se refiere a la mente, dice: “el naturalismo solo puede aportar estrategias evasivas … y ningún avance en las ciencias naturales debería convencer a nadie de sus posibilidades de explicarla”. De este modo, niega la posibilidad de que un abordaje naturalista resuelva nunca el problema de la conciencia (eso sería la culminación de una visión neurocientífica del hombre plenamente naturalista). Luego, se apoya en dos autores clásicos (Dennett, 1991; Chalmers, 1996) para insistir en la incapacidad del naturalismo para llevar a cabo esta tarea. Dicho de otro modo: el cerebro es una condición natural necesaria para la mente humana pero no suficiente, porque el ser humano no dispone de un punto de vista sub specie aeternitatis (como el “ojo de Dios”) sobre la misma que le permita abarcarla, igual que no dispone de tal punto de vista para la observación del universo.

Gabriel propone, pues, el Geist como “una estructura explicativa que da soporte a la acción semántica” que no puede descomponerse en clases naturales y reserva dicho término para esos “fenómenos que dependen de sus conceptos” en el sentido que le dio Hegel: no son clases naturales, ni estructuras complejas de ellas, sino algo que no existe al margen de las descripciones usadas para designarlo.

Para explicar la distinción entre clases naturales y Geist, Gabriel pone varios ejemplos. En el primero dice que si uno, en su ignorancia, confunde los bosones escalares con los bosones de gauge porque no sabe exactamente en que se diferencian unos de otros, los bosones no varían. Pero si en un arrebato eufórico uno piensa que es un grandísimo jugador de bádminton porque ha ganado unos cuantos partidos a unos amigos desmotivados y complacientes y se convence por ello de que va a ganar el campeonato del mundo y, aunque después pierda un partido tras otro, se aferra a la idea de ser un grandísimo jugador, atribuyendo las derrotas a la suerte de sus adversarios, su error derivará en un autoengaño que podría afectar a su vida. El error sobre los bosones no afecta a los bosones. El autoengaño sobre la capacidad real como jugador de bádminton puede hacerle a uno cambiar hasta el punto de hacerle irreconocible.

Como consecuencia de lo anterior, Gabriel piensa que el problema de cómo se relacionan el cerebro y la mente esta totalmente desenfocado en la neurociencia moderna y que la idea de encajar la mente (el pensamiento, la cognición, la voluntad, la emoción, el afecto, la metacognición, etc.) en un orden natural, no es sino una de las mitologías de nuestro tiempo.

El pensamiento de Gabriel debe situarse en la tradición existencialista de Kant, Hegel, Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger, Merleau-Ponty y Sartre con los que tiene en común la idea de un Geist en el cual el ser humano trasciende su posición integrado en una estructura semántica más extensa en la que intenta “que le cuadren las cosas”. El neo-existencialismo que propone deriva de la brecha formal que el ser humano experimenta entre él y los fenómenos naturales y de la necesidad de dar sentido a su existir mediante facultades y capacidades mentales que distingue perfectamente de los fenómenos naturales.

En lo que concierne a la neurociencia, el autor ya había criticado en otro libro (Gabriel, 2017) el “neurocentrismo” como el error que ignora el conocimiento de base histórica y cultural de la enorme variedad de autoconcepciones humanas. Y para evitar ser confundido con un neo-cartesiano propone lo que llama modelo de juguete de su ontología neo-existencialista, comparando la relación entre el cerebro y la mente con la que existe entre una bicicleta y la actividad de ir en bicicleta. Las bicicletas son una condición material necesaria para ir en bicicleta pero ir en bicicleta no puede reducirse teórica ni ontológicamente a la bicicleta. Del mismo modo, dice, disponer de un cerebro adecuado es una condición necesaria para participar en la estructura explicativa del Geist, pero el Geist no puede reducirse al cerebro, aunque sea una condición sine qua non de la mente.

A continuación se incluyen en el libro comentarios y refutaciones de varios autores a la conferencia de Gabriel. Charles Taylor anticipa la necesidad de crear nuevas categorías, acaso inauditas, que requeriría el desarrollo del programa neo-existencialista propuesto por Gabriel. Jocelyn Benoist discute el ejemplo de la bicicleta y muestra que muchos componentes del Geist no encajan bien en él. Andrea Kern encuentra otras debilidades en el modelo y piensa que el Geist es una estructura explicativa inserta en otra mas amplia, que es la vida. Y luego vienen las réplicas correspondientes de Gabriel a sus discusores, pero exponerlas alargaría demasiado esta reseña.

Lo que se presenta y discute en este libro no es banal para la psiquiatría y la psicopatología. Remite a los clásicos de la especialidad y proyecta sus referencias al futuro. Otros filósofos heterodoxos alemanes que trabajan con neurocientíficos han propuesto modelos de procesos cognitivos “encarnados, incrustados y extendidos” (Lyre y Walter, 2013) compatibles con la propuesta de Gabriel. A muchos psiquiatras no les resultarán extrañas sus propuestas formales porque, a mi parecer, coinciden con los procesos mentales con los que intentan resolver, de modo intuitivo e integrador, muchos retos de la clínica diaria.

Referencias:

  • Chalmers D. The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory. Oxford: Oxford University Press, 1996. (hay traducción al español).
  • Dennett D. Consciousness Explained. Boston: Back Bay Books, 1991.
  • Gabriel M. Neoxistencialismo. Concebir la mente humana tras el fracaso del naturalismo. Barcelona: Pasado & Presente, 2019.
  • Gabriel M. I Am Not a Brain: Philosophy of Mind for the Twenty First Century. Cambridge: Polity, 2017 (hay traducción al español).
  • Lyre H Walter s. Situated Cognition. En Stephan A , Walter S: Handbook of Cognitive Science. Stuttgart: Metzer, 2013.

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