Durante el XII Congreso Nacional de Prevención de Riesgos Laborales celebrado en Madrid del 14 al 16 de noviembre de 2018 en el Hospital 12 de octubre tuvo lugar una mesa donde tres ponentes expusieron como promocionar el bienestar emocional en el ámbito sanitario.

La primera ponente fue la psicóloga Teresa Pacheco adscrita que expuso el Plan de humanización de la Asistencia Sanitaria 2016-2019 de la Comunidad de Madrid centrado en reducir el estrés laboral (o burn out) asociado al ejercicio de la actividad asistencial. Dicho plan tiene como pilares básicos la conformación de la satisfacción, la información, la amabilidad, la empatía, la actitud de escucha activa o la confianza, desarrollar competencias emocionales, relacionales, de eficacia personal y de trabajo en equipo.

Los responsables de cada servicio intentarán analizar cuáles de estas se llevan a cabo con eficacia o, por el contrario, son deficientes de cara a poder implementarlas paulatinamente. En la mesa se resaltó el papel del médico del trabajo como un actor imprescindible a la hora de prevenir enfermedades mentales en los profesionales sanitarios.

La segunda ponencia corrió a cargo de José Camilo Vázquez, responsable del Programa de Atención Integral al Profesional Sanitario Enfermo (PAIPSE) y se centró en cómo abordar a los trabajadores sanitarios que padecen una enfermedad mental. El ponente aportó datos sobre la elevada prevalencia de trastornos adictivos y de riesgo de suicido del personal debido a que tiene que tratar con situaciones angustiosas al tratar con personas que sufren. Además su rol de dispensador de cuidados le lleva a tener más dificultades a la hora de pedir atención especializada.

Como puntos importantes el doctor señaló la importancia de evaluar la red de apoyo social y familiar que puede ayudar al paciente y la necesidad de recibir un tratamiento farmacológico adecuado (resolviendo las reticencias que pudiera haber en este sentido) cuando los síntomas que presente el paciente lo precise. Por último se abordó el papel de las bajas laborales (aconsejándola cuando sea necesario), la importancia de adecuar un puesto de trabajo a las características de la patología que padece y reducir el estigma (y el autoestigma) que puede surgir en el entorno del paciente cuando conozca que padece una enfermedad de naturaleza psíquica.

En último lugar, la tercera ponente, Carmen Bellido del Hospital General Universitario de Castellón centró su exposición en la necesidad de reconocer los efectos positivos del trabajo y conseguir que el profesional sanitario no lo vea como una carga sino como un lugar de autorrealización. Para conseguir alcanzar dicha visión positiva y motivadora, los responsables de gerencia de cada dispositivo deberán promocionar propuestas encaminadas a rebajar el riesgo psicosocial pues no solo mejorará la salud mental del personal sino que aumentará su productividad y efectividad.

A diferencia de otros campos relacionados con los riesgos laborales (como el ergonómico o de seguridad) en el campo psicológico, ha faltado una correcta evaluación del riesgo y una correcta implementación de planes preventivos, lo que ha llevado a un aumento del 38% de las bajas laborales por ansiedad y estrés en los últimos cinco años por lo que los médicos del trabajo de los hospitales deben tener cada vez más en cuenta la evaluación del bienestar emocional cuando traten a los profesionales.

Los responsables sanitarios deberían ser conscientes de que la resultante de la conjunción entre un buen clima laboral y una apreciación optimista del mismo por parte de los trabajadores tiene un efecto positivo sobre la salud de las personas, tanto en términos de ausencia de dolencias o enfermedades como en incremento de los niveles de salud física y de bienestar psicosocial.

Durante la exposición se explicaron las medidas que ha llevado a cabo en su Hospital para mejorar la satisfacción personal y profesional del personal que atiende las Unidades de Críticos encaminadas a prevenir el síndrome de desgaste profesional. En ocasiones resulta muy difícil, o imposible, eliminar completamente las fuentes de estrés en el origen, pero sí es factible facilitar a esa persona una serie de herramientas o estrategias con las que afrontar y superar dichas situaciones, dotarle de habilidades para controlar las experiencias y las consecuencias que el estrés produce.

Así pues, constituye un planteamiento preventivo el fomentar la adquisición de algunas estrategias que aumenten la capacidad de adaptación de las personas para hacer frente a los requerimientos del trabajo, aunque para ello previamente se debe desarrollar una política de prevención del estrés basada en la intervención sobre la propia organización de la empresa, y orientada hacia la modificación de ciertas condiciones o demandas del trabajo estresantes.

En este sentido es imprescindible implementar un estilo de dirección caracterizado por el apoyo, calidad de supervisión y reconocimientos; el equilibrio entre las exigencias del trabajo y la capacidad de control de las personas sobre su propia tarea (demanda/control); la claridad de rol de forma que cada cual sepa exactamente lo que se espera de él; el apoyo y la solidaridad entre los compañeros; una capacitación adecuada de cada persona para las tareas que debe realizar y un efectivo control de los riesgos laborales, así como un adecuado manejo de la resolución de conflictos.