El papel de la nutrición en la etiología y tratamiento de las enfermedades psiquiátricas ha sido estudiado de forma muy poco rigurosa. Sin embargo, en los últimos años han surgido estudios en los cuales se ha visto que la dieta y ciertos nutrientes son factores de riesgo modificables y opciones terapéuticas para ciertos trastornos psiquiátricos como los trastornos de ansiedad y del humor. El desarrollo de la psiquiatría nutricional, junto con la investigación en epigenética y microbiota, han permitido identificar factores de riesgo modificables en los progenitores, durante el embarazo y la infancia. Este hecho tiene una gran importancia, puesto que es en la infancia donde se deben poner en marcha las estrategias preventivas, teniendo en cuenta que la mitad de los trastornos psiquiátricos debutan en la adolescencia. En estos estudios, se ha visto que la exposición a dietas poco saludables aumentaría el riesgo de aparición de trastornos del neurodesarrollo y psiquiátricos a lo largo de la vida de la persona.¹

La microbiota o flora microbiana, la definimos como el conjunto de organismos que se localizan de manera normal en distintos sitios del cuerpo de los seres vivos pluricelulares. Es esencial para la salud humana, jugando un papel importante en la comunicación bidireccional entre el tracto gastrointestinal y el sistema nervioso central. La microbiota sufre un vigoroso proceso de desarrollo durante toda la vida y establece su relación simbiótica con el huésped de forma temprana en la vida. Por ello, perturbaciones tempranas de la microbiota intestinal en desarrollo, pueden afectar al desarrollo neurológico y potencialmente conducir a resultados adversos en la salud mental del individuo a lo largo de su ciclo vital.² Algunos estudios publicados hasta el momento, ponen de manifiesto como la colonización microbiana de los mamíferos se relaciona con el desarrollo del cerebro, así como con el comportamiento posterior del individuo adulto. Todo esto, a través de  un proceso de evolución impulsada que modula los procesos fisiológicos, muchos de los cuales están asociados con la inmunidad y la ingesta de nutrientes. De esta forma, se activarían los mecanismos de señalización que a su vez se encargan de activar a los circuitos neuronales implicados en el control motor y en el desarrollo de procesos como la ansiedad, mediados por vías de segundos mensajeros y  de potenciación sináptica posterior en dichas regiones cerebrales.³

Los estudios nos orientan acerca de cómo la interacción huésped-microbio juega un papel clave en el mantenimiento de la homeostasis y como las alteraciones en la composición microbiana intestinal se asocian con cambios marcados en los comportamientos relacionados con el estado de ánimo, el dolor y la cognición, estableciendo la importancia crítica de la vía bidireccional de comunicación entre la microbiota y el cerebro, en la salud y la enfermedad4. La disfunción de los ejes microbioma-cerebro-intestino han sido implicados en los trastornos relacionados con el estrés: como la depresión5, la ansiedad, el síndrome del intestino irritable y los trastornos del neurodesarrollo, como el autismo. La colonización bacteriana del intestino es fundamental para el desarrollo postnatal y la maduración de los sistemas  que tienen la capacidad de influir en el sistema nervioso central de programación y de señalización, incluyendo los sistemas inmunes y endocrinos. Por otra parte, se está expandiendo por evidencia científica, la opinión de que la microbiota intestinal desempeña un papel en la programación infantil y posterior respuesta al estrés agudo y crónico. Esta opinión es apoyada por estudios en ratones libres de gérmenes y en animales expuestos a infecciones bacterianas patógenas, agentes probióticos u antibióticos. Por lo que intervenciones destinadas a modular la microbiota, podrían ser un enfoque terapéutico manejable para el desarrollo de nuevos tratamientos para los trastornos del SNC6.

La hipótesis del papel de la microbiota intestinal en el mantenimiento de estado fisiológico en el sistema gastrointestinal, se apoya en otras investigaciones que han demostrado una alteración cualitativa y cuantitativa de la flora intestinal en un número de enfermedades gastrointestinales y extra-gastrointestinales. La alteración de la microbiota puede resultar de un estado persistente de activación o inflamación del sistema inmunológico, existen marcadores como el sCD14 y la proteína de unión al lipopolisacárido  (LBP) que se correlacionan con niveles de anticuerpos frente al gluten y niveles de proteína c reactiva (PCR) en el desarrollo de enfermedades como la esquizofrenia7.

En los últimos años, la evidencia hacía referencia a la importancia de la deficiencia de la microbiota intestinal en la etiopatogenia de las patologías como el autismo9, la demencia, el trastorno del estado de ánimo u otros trastornos neuropsiquiátricos como la esquizofrenia8 o el trastorno bipolar. La aplicación de moduladores terapéuticos de la microbiota intestinal en el autismo y los trastornos del estado de ánimo, se ha experimentado sólo en parámetros experimentales hasta la fecha, con pocos pero prometedores resultados, donde  avances del arsenal terapéutico para la modulación de la microbiota intestinal tendría  garantías en el abordaje de dichos trastornos9. Un ejemplo de todo esto, es la detección del sobrecrecimiento de la especie Cándida, especialmente Candida albicans en el intestino. Este hongo se relaciona con una menor absorción de hidratos de carbono y minerales y con un mayor nivel de toxinas, dato que se cree contribuye con la aparición de comportamientos autistas, por ello la investigación plantea el uso de terapias antifúngicas sensibles a este hongo como método terapéutico preventivo10.

Otros de los aspectos estudiados, son la disbiosis de la microbiota provocada por el uso mantenido de antibióticos, la cual se ha visto que su uso recurrente se relaciona con la aparición de trastornos depresivos y de ansiedad, en estos últimos especialmente con el uso de penicilinas y sulfonamidas, no encontrándose relación del uso de antibióticos con la aparición de los trastornos psicóticos.11 El funcionamiento de la microbiota intestinal se encuentra regulado por cambios en el metabolismo, como por ejemplo a través del ejercicio físico o el cambio de dieta, aumento de la ingesta de fibra dietética mediante el consumo de frutas y verduras,  se ha relacionado con una menor probabilidad de sufrir síntomas depresivos.12 Sin embargo, se ha visto que el ejercicio físico modula diferentes poblaciones de bacterias intestinales en comparación con la restricción de alimentos o con una dieta rica, y alivia el síndrome del intestino a la ingesta de las toxinas. De esta forma,  podrían contribuir los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la cognición y la emoción, ya sea directamente a través de la señalización de la serotonina o indirectamente mediante la modulación del metabolismo y el rendimiento deportivo. A su vez, se ha visto que los alimentos probióticos, entendiéndose aquellos que presentan microorganismos vivos adicionados que permanecen activos en el intestino ejerciendo importantes efectos fisiológicos, mejoran el rendimiento de los atletas.13

Todos estos aspectos fueron tratados en el XXIV Curso de Actualización en Psiquiatría celebrado en Marzo en Vitoria-Gasteiz,  por la Dra. Natalia Borruel médico especialista del aparato digestivo en el Hospital Vall D’Hebron de Barcelona, el Dr. Javier Caso investigador del CIBERSAM y profesor en la Universidad Complutense de Madrid y la Dra. Mónica Martínez doctora en farmacia e investigadora del CIBERSAM.

Para concluir, deberíamos tener en cuenta que en este campo la investigación se encuentra en pañales. Por ello, entre las futuras aproximaciones podríamos incidir acerca de los mecanismos sobre los que la microbiota manda señales al cerebro, discernir si el efecto de la medicación en la enfermedad mental es por un compuesto neuroquímico concreto o por un aspecto no neuroquímico de los microorganismos de la flora intestinal que interaccionan con dicho fármaco, ser capaces de demostrar que realmente es la unión entre el mediador y su diana extra-intestinal la que modula la enfermedad y plantearnos el papel de la flora en el metabolismo de los fármacos no respondedores. También sería interesante plantearnos para prevención de los trastornos mentales mencionados, de forma complementaria a una dieta equilibrada y a la realización de ejercicio físico, el uso de alimentos probióticos, prebióticos potenciadores de los probióticos u el uso de postbióticos y antibióticos específicos para patógenos, así como la opción de realizar trasplante fecal como forma de reestablecer el equilibrio de la microbiota14.

 

Foster JALyte MMeyer ECryan JF.  Gut Microbiota and Brain Function: An Evolving Field in Neuroscience. Int J Neuropsychopharmacol. 2016 Apr 29;19(5). pii: pyv114. doi: 10.1093/ijnp/pyv114. Print 2016 May.

Borre YEO’Keeffe GWClarke GStanton CDinan TGCryan JF. Microbiota and neurodevelopmental windows: implication for brain disorders. Trends Mol Med. 2014 Sep;20(9):509-18. doi: 10.1016/j.molmed.2014.05.002. Epub 2014 Jun 20

3 Diaz Heijtz RWang SAnuar FQian YBjörkholm BSamuelsson A et al. Normal gut microbiota modulates brain development and behavior. Proc Natl Acad Sci U S A. 2011 Feb 15;108(7):3047-52. doi: 10.1073/pnas.1010529108. Epub 2011 Jan 31.

4 Slyepchenko AMaes MKöhler CAAnderson GQuevedo JAlves GS et al. T helper 17 cells may drive neuroprogression in major depressive disorder: Proposal of an integrative model. Neurosci Biobehav Rev. 2016 May;64:83-100. doi: 10.1016/j.neubiorev.2016.02.002. Epub 2016 Feb 17.

5 Borre YEMoloney RDClarke GDinan TGCryan JF. The impact of microbiota on brain and behavior: mechanisms & therapeutic potential. Adv Exp Med Biol. 2014;817:373-403. doi: 10.1007/978-1-4939-0897-4_17.

Severance EGGressitt KLStallings CROrigoni AEKhushalani SLeweke FM et al. Discordant patterns of bacterial translocation markers and implications for innate immune imbalances in schizophrenia. Schizophr Res. 2013 Aug;148(1-3):130-7. doi: 10.1016/j.schres.2013.05.018. Epub 2013 Jun 6.

Buie T. Potential Etiologic Factors of Microbiome Disruption in Autism. Clin Ther. 2015 May 1;37(5):976-83. doi: 10.1016/j.clinthera.2015.04.001.

8 Castro-Nallar EBendall MLPérez-Losada MSabuncyan SSeverance EGDickerson FB et al. Composition, taxonomy and functional diversity of the oropharynx microbiome in individuals with schizophrenia and controls. PeerJ. 2015 Aug 25;3:e1140. doi: 10.7717/peerj.1140. eCollection 2015.

9 Mangiola FIaniro GFranceschi FFagiuoli SGasbarrini GGasbarrini A. Gut microbiota in autism and mood disorders. World J Gastroenterol. 2016 Jan 7;22(1):361-8. doi: 10.3748/wjg.v22.i1.361.

10 Kantarcioglu ASKiraz NAydin A. Microbiota-Gut-Brain Axis: Yeast Species Isolated from Stool Samples of Children with Suspected or Diagnosed Autism Spectrum Disorders and In Vitro Susceptibility Against Nystatin and Fluconazole. Mycopathologia. 2016 Feb;181(1-2):1-7. doi: 10.1007/s11046-015-9949-3. Epub 2015 Oct 6.

11 Lurie IYang YXHaynes KMamtani RBoursi B. Antibiotic exposure and the risk for depression, anxiety, or psychosis: a nested case-control study. J Clin Psychiatry. 2015 Nov;76(11):1522-8. doi: 10.4088/JCP.15m09961.

12 Miki TEguchi MKurotani KKochi TKuwahara KIto R et al. Dietary fiber intake and depressive symptoms in Japanese employees: The Furukawa Nutrition and Health Study. Nutrition. 2016 May;32(5):584-9. doi: 10.1016/j.nut.2015.11.014. Epub 2015 Dec 23.

13 Yuan TFFerreira Rocha NBPaes FArias-Carrión OMachado Sde Sá Filho AS. Neural Mechanisms of Exercise: Effects on Gut Miccrobiota and Depression. CNS Neurol Disord Drug Targets. 2015;14(10):1312-4.

14 Fond GBoukouaci WChevalier GRegnault AEberl GHamdani N et al. The «psychomicrobiotic»: Targeting microbiota in major psychiatric disorders: A systematic review. Pathol Biol (Paris). 2015 Feb;63(1):35-42. doi: 10.1016/j.patbio.2014.10.003. Epub 2014 Nov 2.