El pasado 1 de junio se dedicó una mesa de la Jornada de Clausura del curso 2016/2017 de la Societat Catalana de Psiquiatria i Salut Mental a profundizar sobre el papel de la microbiota en los trastornos psiquiátricos.

Esta mesa fue moderada por Antoni Bulbena, psiquiatra del Parc Salut Mar de Barcelona, quien introdujo el tema y a los ponentes, destacando el creciente interés mostrado desde la neurociencia al estudio del denominado eje intestino-cerebral y a los efectos de determinados psicofármacos a este nivel.

En primer lugar, Xavier Aldaguer, digestólogo del Hospital Josep Trueta de Girona, situó a la audiencia respecto al incremento de estudios que varias ramas de la medicina han ido realizando en los últimos años para conocer el papel de los microbios que conviven en nuestro organismo, al que situó como un órgano más. Explico cómo tres grupos de bacterias (enterotipos) son imprescindibles para la vida, pero que factores ambientales como la dieta, los hábitos tóxicos, etc. configuran las diferentes colonias de microorganismos que conviven de manera simbiótica en cada individuo.

Tras comentar estudios en enfermedades intestinales inflamatorias o funcionales, habló de los cambios en las poblaciones bacterianas que producen los potentes tratamientos antiinflamatorios que utilizan. Posteriormente destacó algunos marcadores fecales de disbiosis bacteriana, acabando su ponencia hablando del futuro de las intervenciones terapéuticas personalizadas como probióticos, tratamientos coadyuvantes y trasplantes fecales.

El segundo ponente fue Josep Antoni Ramos, jefe de servicio del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona. Su ponencia se centró en describir el impacto del microbioma en los trastornos del neurodesarrollo, y especialmente en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Repasó la evidencia disponible sobre las vías que conectan una microbiota aberrante (disbiosis) con el sistema nervioso central,  influyendo en el desarrollo de este tipo de trastornos. Destacó algunos trabajos que han estudiado los efectos de determinadas intervenciones dietéticas en el TDAH y el autismo. Finalmente hipotetizó sobre el efecto que determinadas intervenciones sobre la microbiota podrían ayudar a la prevención del TDAH.

Finalmente, Miquel Bioque del Hospital Clínic de Barcelona, centró la primera parte de su explicación en describir el renovado interés de la comunidad científica en la búsqueda de biomarcadores de inflamación e inmunológicos en las fases tempranas de la esquizofrenia. Así, señaló el desequilibrio descrito en estas poblaciones entre vías proinflamatorias y antiinflamatorias, junto con los nuevos hallazgos de estudios genéticos, de neuroimagen, en muestras de bancos de cerebros y en biomarcadores sanguíneos que  han ido  incrementando el interés en conocer el papel de la respuesta inflamatoria en estos trastornos.

En la segunda parte de su presentación, explicó como una disbiosis intestinal podría jugar un papel clave en este estado de inflamación sistémica. Señaló cómo condiciones que han demostrado ser reguladas, al menos en parte, por la microbiota, también están alteradas en las personas que padecen esquizofrenia o un trastorno relacionado. Describió los artículos que han demostrado diferentes alteraciones de determinadas poblaciones bacterianas en grupos de pacientes  con esta patología, tanto con muestras fecales como con frotis faríngeos. Finalmente revisó el papel que en la terapéutica podría tener la intervención a este nivel mediante probióticos, antibióticos, determinadas dietas, etc. y la necesidad de caracterizar qué subpoblaciones de pacientes  se podrían beneficiar más de este tipo de intervenciones.