Köhler-Forsberg O, Sylvia L, Thase M, et al. Depress Anxiety. 2017 Jan 30. doi 10.1002/da.22601

Diversos estudios han encontrado relación clínica, fisiopatológica y terapéutica entre el dolor y los trastornos del estado de ánimo, sobre todo en la depresión. Se ha sugerido que la depresión puede incrementar la sensibilidad al dolor y por tanto un mayor consumo de tratamientos analgésicos. Artículos recientes han constatado que los fármacos anti-inflamatorios no esteroideos (AINEs) pueden inhibir el efecto antidepresivo de los tratamientos antidepresivos. Esta circunstancia que tiene indudable relevancia clínica no se había estudiado en el caso de los tratamientos para el trastorno bipolar. Hasta este momento desconocemos si el uso concomitante de analgésico puede influir en la eficacia de fármacos estabilizadores, circunstancia que parece ocurrir en la depresión. Por este motivo tiene especial relevancia este artículo reciente de Köhler-Forsberg y cols que analiza estos aspectos concretos en el campo de la enfermedad bipolar.

Los autores realizan un estudio multicéntrico utilizando los datos de 482 pacientes con trastorno bipolar. Este estudio está enmarcado en un proyecto colaborativo entre referentes de prestigio que analizan y comparan diversas intervenciones sobre la salud en el trastorno bipolar. El diseño metodológico asigna de forma aleatoria a los pacientes a un tratamiento con litio o mediante quetiapina durante seis meses. Los autores evaluaron el uso de paracetamol y AINEs durante el periodo de seguimiento. Asimismo la evaluación de la psicopatología se realizó mediante la escala de impresión clínica global para el trastorno bipolar (CGI-BP) y la escala de inventario de síntomas para el trastorno bipolar (BISS). A nivel estadístico se han evaluado los efectos de los analgésicos sobre el tratamiento psicofarmacológico mediante regresión lineal de efectos mixtos ajustando por edad, sexo, índice de masa corporal, consumo de tabaco, ejercicio físico y coexistencia de enfermedades somáticas.

Los resultados constatan que un 36,7% de sujetos han utilizado AINEs o paracetamol durante el periodo de seguimiento del estudio. Los pacientes que habían utilizado analgésicos no presentaban diferencias en el resultado del tratamiento con litio o quetiapina en comparación con los pacientes que no habían utilizado analgésicos. No se encontraron diferencias en ningún momento de los seis meses de duración del estudio en ninguna de las escalas utilizadas (CGI-BP y BISS). Tampoco se encontraron diferencias en cuanto al resultado del tratamiento psicofarmacológico en las subescalas específicas del CGI para la depresión o la manía.

Este es el primer estudio que constata que el uso de AINEs y paracetamol, solo o en combinación, no afecta a la eficacia de litio o quetiapina en el trastorno bipolar. Hemos de señalar que puede influir en la tolerabilidad o interacciones, especialmente a nivel renal pero los resultados de este artículo sugieren que no inhibe su potencial efecto terapéutico.