Durante los días 25-27 de octubre de 2018 se celebró en Florencia (Italia) el II Congreso Mundial de Patología Dual. Durante los tres días se llevó a cabo una revisión del estado actual de las investigaciones sobre las adicciones y otras enfermedades mentales comórbidas. Asimismo también se incidió mucho en la importancia del tratamiento de las comorbilidades somáticas de estos pacientes dentro de un abordaje integral del paciente.

El jueves 25 tuvo lugar el simposio titulado “Opioid use disorder in Europe: defining the road ahead”, que fue presentado y moderado por el Dr. Icro Maremmani, del Servicio de Psiquiatría y Universidad de Pisa (Italia). Durante su intervención, el Dr. Maremmani, experto mundial en el abordaje del Trastorno Bipolar en pacientes con trastorno por uso de sustancias, hizo un recorrido a través del contexto histórico de la gestión de tratamientos pasados ​​y el impacto derivado de la existencia de programas de tratamiento con agonistas opioides.

La primera de las ponencias del simposio se tituló “Update on Drug-Related mortality in Europe” que fue impartida por el Dr. Carlos Roncero, del Servicio de Psiquiatría y Universidad de Salamanca (España).

Durante la conferencia, el Dr. Roncero puso de manifiesto que la mortalidad asociada al consumo de sustancias, en especial a los opioides, está creciendo y sigue siendo un importante problema tanto sanitario como económico que está afectando a todo el mundo, principalmente a América del Norte y Australia, pero también a los países europeos. Según el estudio llevado a cabo por la Global Bunden of Disease, en 2016, 144.000 personas fallecieron por causas directamente relacionadas con el consumo de sustancias, de las cuales el 60% era por opioides. Desde 2006 hasta 2016 se ha producido un incremento del 15,2% de las muertes debidas al consumo de opioides.

En el mercado europeo de sustancias el opioide más común es la heroína, y se sabe que la dependencia de heroína es un problema crónico, con historias de recaídas, asociada a trastornos médicos y a otros trastornos mentales, problemática que se incrementa si se consume por vía intravenosa.

¿A qué se debe que la mortalidad por el consumo de opioides se mantenga tan elevada? Existen múltiples factores: interacciones entre las diferentes sustancias (potenciación de los efectos sedativos de unas y otras: opioides, benzodiacepinas, alcohol…; efectos cardiovasculares, depresión del centro respiratorio…), efectos secundarios de las mismas, enfermedades somáticas concomitantes (tales como enfermedades infecciosas VIH, VHC… o enfermedades hepáticas), falta de adherencia al tratamiento y seguimiento (siendo recomendable un acceso más fácil y con menos criterios de inclusión, particulares a través de modelos de tratamiento con bajo nivel de exigencia inicial), sobredosis, suicidio consumado

Respecto a los factores asociados con la ideación suicida y los intentos de suicidio en pacientes con trastorno por consumo de opioides que están en tratamiento ambulatorio, presentó un reciente estudio publicado por Rodríguez-Cintas et al., en 2018, en el que se encontró lo siguiente:

Factores de riesgo para la ideación suicida: Trastorno límite de la personalidad, trastornos depresivos, antecedentes de abusos sexuales, consumo de múltiples tóxicos, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y presentar una impulsividad motora elevada.

Factores de riesgo para los intentos de suicidio: Trastorno límite de la personalidad, haber vivido cualquier tipo de abuso (sexual, físico o psíquico), presentar un trastorno psicótico concomitante, consumo de múltiples tóxicos, trastorno de ansiedad o síntomas depresivos.

Por otro lado, explicó cómo cuando los pacientes con trastorno por uso de opiáceos se ponen en tratamiento farmacológico las condiciones de vida mejoran. El tratamiento con buprenorfina se ha asociado con una reducción de las tasas de arrestos en relación con cualquier tipo de crimen (violento, no violento, relacionado con tráfico de sustancias…). Esto mismo ocurre cuando se inicia tratamiento con metadona, además de disminuir las tasas de suicidio consumado; pero se ha encontrado que existe un incremento de sobredosis accidentales en aquellos pacientes que están en tratamiento con metadona y que además consumen heroína.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, se puso en evidencia la necesidad de nuevas estrategias para reducir las muertes relacionadas con el consumo de sustancias ya que en toda Europa existen variaciones en la disponibilidad / facilidad de acceso a la atención, y también en los tipos de tratamiento disponibles.

Se necesitan urgentemente intervenciones basadas en la evidencia para reducir el nivel de mortalidad relacionada con las drogas y refirió que las siguientes estrategias / políticas pueden intentar revertir esta tendencia en aumento de la mortalidad relacionada con las drogas: acceso más fácil a la terapia con agonistas opioides por medio de modelos de tratamiento de baja exigencia, uso de opciones de tratamiento con riesgo de mortalidad más bajo (comenzando con buprenorfina y cambiando a metadona para tratamiento de mantenimiento cuando sea necesario).

Y sobre todo, la psicoeducación al paciente: se puede ayudar a reducir las muertes relacionadas con las sustancias proporcionando información a los pacientes sobre los siguientes temas: los efectos protectores de las dosis óptimas de la terapia con agonistas opioides para reducir el riesgo de sobredosis; también informar sobre el riesgo de sobredosis después de estar varios días sin tomar los agonistas opioides, o después de una desintoxicación planificada o de un período de abstinencia.

También hay que informar sobre los peligros de combinar los agonistas opioides con otras drogas, incluidas las benzodiacepinas y el alcohol, especialmente en la fase de estabilización temprana del tratamiento.

Y por último, señaló que existe una tendencia creciente a la facilitación de naloxona a los pacientes, de manera que tenga un acceso fácil e inmediato al antídoto que puede revertir las muertes por sobredosis de opioides.

Esto se realiza generalmente en forma de un kit que contiene jeringas precargadas o aerosoles nasales, junto con información sobre el reconocimiento de los síntomas de sobredosis de opioides y la administración segura de naloxona. Este sistema está ya implantado en varios países de la Unión Europea, con buen funcionamiento.