Durante los VIII Encuentros en Psiquiatría que se han celebrado en Sevilla del 20 al 21 de abril de 2017 se celebró un simposio específico donde se expusieron los diferentes protocolos de actuación que han demostrado ser eficaces a la hora de prevenir la conducta suicida. Dicha presentación corrió a cargo del Dr. Francisco Gotor Sánchez-Luengo, psiquiatra adscrito a la Unidad Clínica de Salud Mental perteneciente al Área Sur de Sevilla.

 

En dicha presentación se puso de manifiesto la gravedad de este problema en nuestro país pues en 2015 hubo un total de 3.602 muertes por suicidio consumado siendo la primera causa de muerte no natural. Además dicha conducta es adictiva y repetitiva, se considera que entre un 15-25% de pacientes que han realizado un gesto autolítico volverán a repetirlo un año después.

 

A la hora de abordar esta conducta las guías clínicas señalan que no hay muchos tratamientos farmacológicos que hayan demostrado una prevención suicida. De hecho, la mayoría de los ensayos clínicos aleatorizados frente a placebo para tratar el trastorno depresivo mayor suelen incluir como criterio de exclusión que el paciente presente ideación suicida en el momento de ser incluido en el ensayo. También sabemos que muchos de los tratamientos farmacológicos incluyen en su ficha técnica que su uso puede aumentar la conducta suicida pues los clínicos sabemos que cuando el paciente mejora de los síntomas depresivos paradójicamente puede realizar alguna conducta auto lesiva al mejorar la inhibición psicomotriz y la apatía que conllevan los cuadros depresivos.

 

Por ese motivo tanto las guías NICE como las guías del SNS no recomiendan ningún tratamiento farmacológico específico para prevenir el suicidio, pero sí que aconsejan usar ISRS en el caso de que el paciente presente un trastorno depresivo mayor. De primera elección recomiendan ofrecer a los pacientes de 3 a 12 intervenciones de psicoterapia individual que pueden incluir elementos cognitivo conductual, psicodinámicos o de terapia de resolución de problemas. Asimismo se insiste en la necesidad de abordar las causas que alega el paciente para explicar su conducta autolítica. En este sentido un reciente metaanálisis publicado en Lancet Psychiatry (Hawton et al., 2016) señala que la psicoterapia de tipo cognitivo conductual es la que ha demostrado mayor eficacia a la hora de reducir las conductas autolesivas.

 

La revisión de la Cochrane también arroja el dato de que ningún tratamiento farmacológico (ni antidepresivos, ni estabilizadores del humor ni antipsicóticos) ha demostrado ser eficaz a la hora de prevenir la conducta autolítica de repetición. Si bien apunta que se han realizado pocos trabajos en este campo y que los que hay son de poca calidad. Sin embargo, la mayoría de intervenciones psicosociales demuestran eficacia al prevenir el suicidio, los mecanismos que explican que estas aproximaciones sean útiles son porque aumentan el apoyo social, enseñan al paciente conductas alternativas a hacerse daño y psicoeducan al paciente para que comprenda cómo prevenir dichos comportamientos.

 

Como conclusión puede señalarse que todos los trabajos aseguran que la conducta suicida es un fenómeno complejo y que, como tal debe ser su abordaje. Las intervenciones que dan apoyo psicoterapéutico al paciente son más útiles, en general, que los tratamientos farmacológicos porque le enseñan a entender lo que le sucede y le dan alternativas a su comportamiento. Entender las causas etiopatogénicas de este fenómeno y los rasgos de personalidad de los pacientes que realizan gestos autolíticos de repetición es fundamental si queremos desarrollar herramientas más eficientes en el futuro.