El XIV curso PostAPA se celebró en la sede de Barcelona el pasado 19 de junio. Como en anteriores ediciones, en este curso se realizó un resumen didáctico y crítico de los contenidos más importantes de la Reunión Anual de la American Psychiatric Association (APA) celebrada del 5 al 9 de mayo del 2018 en Nueva York. La profesora Paz García-Portilla, catedrática de la Universidad de Oviedo, nos resumió las principales novedades en trastorno bipolar, mientras que el profesor Eduard Vieta, del Hospital Clínic de Barcelona, actuó como discusor.

Un primer tema de interés se centró en la conferencia dada por TA Ketter sobre aspectos clínicos relacionados con los estados mixtos del trastorno bipolar. Primero para destacar las diferencias entre los criterios diagnósticos del DSM-IV-TR y el DSM-5, por lo que la anterior categorización de los episodios en tres cajones estancos (manía-mixto-depresivo) se ha reconceptualizado en una nueva clasificación que consiste en un continuum que va desde la manía pura a la depresión pura pasando por las manías o depresiones con síntomas mixtos. En segundo término se trazó un perfil clínico determinado, centrado en los cuadros de depresión mixta. Estos pacientes presentarían más irritabilidad y más días “altos” en el año previo, tendrían con más frecuencia más antecedentes de alcoholismo, conductas suicidas y ciclación rápida y se asociarían con más frecuencia a un inicio precoz del trastorno, episodios de mayor duración y resistencia al tratamiento. Centrándose en las implicaciones terapéuticas, se hizo un especial énfasis al papel de los antipsicóticos atípicos, junto o no a estabilizadores para tratar estos estadíos, más que al uso de antidepresivos.

Un segundo tema de interés, tuvo que ver con los trabajos presentados en la APA por el grupo de Dickerson sobre el uso de microorganismos probióticos como tratamiento coadyuvante para alterar la respuesta inmune y prevenir rehospitalizaciones en pacientes con trastorno bipolar. Para ello en primer término habían descrito un índice en pacientes con manía aguda asociada con activación inmune, que llamaron Puntuación de Inflamación (IFS). Este índice se calcula con la concentración de diferentes anticuerpos frente a Gliadina, Péptido NR2 del NMDAr, Retrovirus endógenos (MPMV P24), y Toxoplasma. Los autores explicaron como un índice positivo se relacionaba con un riesgo 6 veces mayor a presentar rehospitalizaciones. En un segundo paso, los autores realizaron un ensayo clínico para estudiar en estos pacientes los efectos microorganismos probióticos que regulan la respuesta inmune. Para ello compararon los resultados de un tratamiento coadyuvante de un compuesto de probióticos (a base de Lactobacillo GG + Bididobacterium lactis strain Bb12) comparado frente a placebo. En los 6 meses tras el alta, el probiótico redujo 2.5 veces la tasa de rehospitalización. Este efecto protector fue mayor en las personas con los niveles de inflamación más elevados. Se está estudiando también el papel de este compuesto para prevenir rehospitalizaciones en depresión bipolar.

En tercer lugar se presentaron los resultados de algunos de los trabajos del grupo de Burdick sobre inflamación y déficit cognitivo en pacientes con trastorno bipolar. Se repasaron las evidencias existentes sobre un gradiente de deterioro cognitivo desde la esquizofrenia al trastorno bipolar. Así, desde un punto de vista cognitivo, los pacientes con trastorno bipolar se dividen en tres subgrupos: Conservados (similar a controles sanos); con déficits selectivos; globalmente afectados (similares a la esquizofrenia). Los mejores factores de riesgo o predictores de estos déficits serían el coeficiente intelectual premórbido, la carga de medicación total y un mayor número de manías (que tendrían un efecto “neurotóxico”). Paz Portilla hizo especial énfasis en el interés predictivo de un biomarcador inespecífico de inflamación, pero muy accesible, como es la proteína C reactiva, con el que se comprobó que su aumento basal se asociaba a un mayor deterioro cognitivo.

Siguiendo con los déficits cognitivos, también se presentaron datos del grupo del Hospital Clínic que dirige Eduard Vieta que caracterizaban el impacto negativo de dichos déficits en la funcionalidad y la calidad de vida. Los autores de este estudio clasificaban los factores que median en el deterioro cognitivo como primarios (neurodesarrollo, complicaciones obstétricas y neuroprogresión) y secundarios (síntomas depresivos subclínicos, comorbilidades y efectos secundarios de fármacos). La presencia de estos déficits implicaba una disminución significativa en el bienestar con medidas de la OMS comparado con controles sanos.

Posteriormente la profesora García-Portilla destacó el redescubrimiento del litio que está haciendo la psiquiatría americana, junto con los hallazgos más novedosos respecto a los biomarcadores genéticos de respuesta a este tratamiento.

Finalmente, y en respuesta a preguntas de la audiencia sobre el uso de psicofármacos y lactancia materna, tanto la ponente como el discusor recordaron que en la mayoría de casos no es necesario interrumpir la medicación por la lactancia teniendo en cuenta los riesgos para el niño y la madre, ya que la mayor parte de las medicaciones son seguras en este aspecto, y que los psiquiatras deben educar y apoyar la lactancia materna, además de trabajar en colaboración con los pediatras y otros especialistas.