Durante los 18 Debates de Psiquiatría celebrados en Oviedo del 1 al 2 de junio de 2018 tuvo lugar un simposio sobre la nueva clasificación de los trastornos depresivos en la versión 11 de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

La primera intervención del simposio corrió a cargo del Dr. José Manuel Crespo del Hospital Universitario de Bellvitge en la que analizó el diagnóstico del trastorno depresivo unipolar según CIE-11, como ventajas al manual enumeró su bajo coste, su carácter universal y estar alabado por la OMS, vió positiva la no inclusión del trastorno disruptivo por disregulación del estado de ánimo en niños pues es un diagnóstico que genera mucha controversia y no está avalado por una evidencia sólida que lo respalde.

Además, el mantener la diferencia entre el trastorno depresivo único y recurrente, mantener el subtipo melancólico de depresión e incluir el trastorno mixto ansioso depresivo como uno de los diagnósticos posibles. Mientras que entre las críticas o desventajas de la nueva clasificación estarían no incluir medidas dimensionales, no incluir el concepto de depresión atípica, mantener el duelo como criterio de exclusión y, en contraste con DSM-5, no permitir el diagnóstico de depresión mayor con características mixtas pues es un fenotipo que aparece en la clínica y que no tiene las mismas características evolutivas y pronósticas que el trastorno bipolar.

En segundo lugar hubo una ponencia del Dr. Javier de Diego del Hospital de Sant Pau donde analizó el diagnóstico de distimia según esta clasificación. Al comienzo de su intervención hizo un repaso histórico del concepto de este cuadro clínico explicando que el concepto de depresión neurótica o caracterológica (trastorno de personalidad depresivo) pasó a denominarse distimia con unos criterios clínicos más estrictos.

En cuanto a las modificaciones de la CIE, como puntos fuertes destaca que la distimia pasa a clasificarse dentro del grupo de los trastornos del humor e incluye criterios más operativos (dos años o más con un estado de ánimo depresivo leve la mayor parte del día) y además los criterios de exclusión son más claros (para diferenciarlo de los trastornos bipolares; aunque no incluye otros referidos a no ser secundario a un trastorno psicótico o una enfermedad médica) e incluyen alguna diferenciación para niños y adolescentes (como el síntoma de irritabilidad).

Como puntos más débiles menciona que la elección de los síntomas depresivos que sirven para hacer el diagnóstico es aleatoria (como también lo es la duración de dos años) y además no tiene sentido que el paciente no pueda cumplir criterios de episodio depresivo mayor en los primeros dos años (pero sí después). En definitiva se echa en falta en la nueva CIE especificadores clínicos y longitudinales que pudieran definir endofenotipos específicos y marcadores de respuesta farmacológicos o psicoterapéuticos.

Para finalizar el simposio intervino la Dra. Iria Grande del Hospital Clinic que expuso los cambios de la CIE-11 con respecto a los episodios depresivos en pacientes diagnosticados de trastorno bipolar. Destacando como puntos débiles que no exista la posibilidad de diagnosticar el trastorno bipolar tipo II, que no se hayan desarrollado síntomas maniacos más específicos o que no exista la posibilidad de diagnosticar el trastorno depresivo con características mixtas mientras que, como puntos fuertes, destaca la inclusión de diagnósticos como hipomanía/manía secundaria al uso de antidepresivos, el diagnóstico de ciclotimia y trastorno esquizoafectivo o mantener los especificadores de patrón estacional o con síntomas de ansiedad destacados.