Monica Aas, Chantal Henry, Ole Andreassen, Frank Bellvier, Ingrid Melle and Bruno Etain
International Journal of Bipolar Disorders 2016; 4:2
10.1186/s40345-015-0042-0

Los antecedentes infantiles relacionados con la posible existencia de traumas durante esta época constituyen un factor de riesgo relevante para desarrollar un trastorno mental a lo largo de la edad adulta. Este aspecto es importante en cuanto a la detección temprana de estas situaciones y una posible intervención precoz a este nivel. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de un cuarto de todos los adultos han sufrido algún episodio de abuso físico en la infancia. En cuanto a los abusos sexuales, la misma organización constata que alrededor de una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños, han sufrido algún episodio de estas características. El trastorno bipolar presenta diversos factores de riesgo como los antecedentes familiares y el uso de sustancias tóxicas por citar algunos de los más relevantes. En este campo diversos autores han investigado los antecedentes infantiles a varios niveles. Entre estos antecedentes, posiblemente la existencia de un trauma en la infancia constituye el factor de riesgo más claro para desarrollar un trastorno bipolar en la edad adulta.

Recientemente diversos autores han publicado en una revista de acceso libre los resultados de una revisión sistematizada en relación a este tema. Los autores han identificado los estudios relevantes recogidos en las bases de datos Medline (Pub Med) y PsycINFO hasta julio del año 2015. Posteriormente han realizado una selección de estos artículos y una revisión sistematizada de los mismos. Las conclusiones principales del artículo recogen que el trauma en la infancia es un factor de riesgo para desarrollar un trastorno bipolar. Los pacientes con trastorno bipolar y que han presentado estos antecedentes en la infancia comienzan la enfermedad a una edad de inicio más temprana. El curso clínico de estos pacientes es más desfavorable caracterizado por un número más elevado de recaídas episódicas en comparación con los pacientes sin estos antecedentes infanto-juveniles. También estos pacientes realizan más tentativas autolíticas y consumen más sustancias tóxicas lo que incrementa la comorbilidad con los trastornos por uso de sustancias. La revisión de los artículos publicados constata que el trauma infantil contribuye a un peor rendimiento cognitivo en el curso de la enfermedad bipolar.

En el artículo se recogen diversos datos neurobiológicos que analizan la fisiopatología de este fenómeno. Se consideran que todos estos aspectos pueden estar mediados por mecanismos relacionados con procesos inflamatorios cortando los telómeros y reduciendo el factor neuroprotector cerebral BDNF. Estos mecanismos conllevan cambios funcionales y estructurales del cerebro que de alguna manera se relacionan con los aspectos clínicos antes descritos. Otros mecanismos epigenéticos también pueden estar involucrados.

Los resultados de esta revisión tienen implicaciones clínicas relevantes. Por una parte parece importante realizar una evaluación rutinaria del trauma en la infancia en los sujetos con trastorno bipolar. Sobre todo en aquellos pacientes que presentan una edad de inicio de la enfermedad más temprana, más recaídas, comorbilidad con trastorno por uso de sustancias o un peor funcionamiento neurocognitivo. Facilitar esta detección precoz puede permitir valorar un abordaje específico de estas situaciones. En la actualidad existe poco nivel de evidencia en cuanto a los posibles tratamientos específicos para estos casos. Técnicas como la EMDR (Eye Movement Desensitization and reprocessing) y Técnicas Cognitivo Conductuales específicas para abuso sexual en la infancia pueden ser algunas de las estrategias terapéuticas a utilizar. No obstante este campo requiere una mayor investigación, no solo a nivel diagnóstico sino también terapéutico a varios niveles posibles.