Sabemos que el uso de sustancias puede provocar alteraciones de tipo psicopatológico y viceversa, cualquier psicopatología incrementa la posibilidad de que la persona use determinadas drogas, en ocasiones para evadirse, para no sufrir, para mitigar los síntomas de su propia enfermedad psiquiátrica.

Pues bien, una de estas patologías que además tiene un tratamiento efectivo, es esta conjunción del TUS con la aparición o la concomitancia del Trastorno Bipolar.

En cuanto a la epidemiología, sabemos que la prevalencia del Trastorno Bipolar es similar en todo el mundo y oscila entre un 0,4 y un 1,6% . En cuanto a las personas que consumen drogas la frecuencia de aparición de Trastorno Bipolar se multiplica hasta por 6, siendo uno de los cuadros más frecuentes de comorbilidad de trastornos mental con una adicción, llegando a cifras de entre un 40 a un 60% de todos los diagnósticos duales, entre los que la sustancia más frecuentemente utilizada es el alcohol.

También se conoce que entre las personas que tienen Trastorno Bipolar, el consumo de alcohol, cocaína y cannabis se incrementa significativamente, pero con resultados divergentes según diferentes estudios.

El problema que nos suele surgir en primer lugar es a la hora de establecer un diagnóstico en esta comorbilidad, ya que es importante poder tener claro que el cuadro no es debido al consumo de drogas, a no ser que hablemos no ya de comorbilidad si no de un T. Bipolar inducido por la propia droga.

Por lo que es conveniente tener a la persona durante un tiempo sin ningún consumo de sustancias para poder establecer un diagnóstico de certeza. No obstante, esto no siempre es posible y por lo tanto lo que hay que hacer es intentar diagnosticar los dos cuadros por separado y ver si existen criterios suficientes para establecer ambos diagnósticos.

Si bien es verdad que en algunos cuadros concomitantes cuando se abandona el consumo de la sustancia, el cuadro psiquiátrico se mitiga o desaparece, o simplemente no existía y la sintomatología era fruto del propio consumo de determinada droga.

Pero si determinamos esta coexistencia, habría que determinar las necesidades terapéuticas y plantearse la estrategia del tratamiento más adecuada. Se puede tratar primero el Trastorno Bipolar, de forma secuencial y otra forma sería tratar de forma paralela, establecer un tratamiento desde el principio para ambos cuadros nosológicos. Pero como siempre el diagnóstico nos acerca a la realidad de la patología, si la persona está consumiendo, sería conveniente a ser posible, que en primer lugar abandonase el uso de sustancias y dependiendo de la droga estableceríamos el tratamiento más adecuado, desde un enfoque lógicamente bio-psico-social, en el que tanto los fármacos, la intervención psicológica, como la reestructuración ambiental de la persona, tendrían un papel importante. Y por otro lado haríamos de nuevo el diagnóstico, si ya ha abandonado la sustancia y en caso de existir un Trastorno bipolar, recurriríamos a los fármacos que han demostrado una evidencia científica, como pueden ser las sales de litio, algunos fármacos antipsicóticos o el valproato sódico, encaminados a regular el estado de ánimo.

Todo ello dirigido a evitar las fases maníacas e hipomaníacas y a favorecer una calidad de vida digna a cada paciente.

Lógicamente estamos hablando de trastornos que se pueden cronificar y que el seguimiento debe ser de por vida y aunque tengamos estabilizados por un lado el consumo de la sustancia y pro otro las oscilaciones del estado anímico, es conveniente hacer un seguimiento a largo plazo, mantener la estabilidad y controlar niveles plasmáticos de los fármacos utilizados.

Por último, en caso de no conseguir la abstinencia drogas, trataremos los dos cuadros al unísono, tutelando y haciendo seguimiento de ambas entidades nosológicas, el TUS + el Trastorno Bipolar, un tratamiento motivacional, en grupo y con apoyo familiar mejorará el pronóstico y las posibilidades de recuperación del entorno, facilitando la comprensión de la enfermedad por parte del paciente y de su familia.