Para muchas de las mas prestigiosas revistas de cine del mundo, el estreno de la 3ª temporada de Twin Peaks en el 2017 fue uno de los acontecimientos cinematográficos más significativos de la década.

Los espectadores veteranos recordarán el éxito de la primera temporada de aquel thriller policíaco y costumbrista en el que un jovial agente del FBI, Dale Cooper, se introducía en el mundo encantado e infernal del pueblo de Twin Peaks para tratar de resolver el asesinato de Laura Palmer y terminaba atrapado en un culebrón surrealista.

Aquella mezcla de personajes típicos, exóticos y míticos con arcos narrativos interminables, que se cruzaban entre si de forma impredecible, dando lugar a seducciones y parejas inolvidables; los excéntricos métodos de investigación de Cooper, medio esotéricos, medio mágicos; el humor vitriólico y los detalles burlescos en los momentos más dramáticos; los bosques misteriosos y los interiores cálidos y reconfortantes; las referencias constantes a olores y sabores sensuales y regresivos; y la música de Angelo Badalamenti, quedaron para siempre en el imaginario de los que siguieron la serie.

En el último episodio de la 2ª temporada (1992), una Laura Palmer fallecida y espectral decía al oído del agente Cooper: “Nos vemos dentro de 25 años”. Un detalle críptico más, entre los muchos que había en la serie. La idea final de un mundo paralelo dominante y de un agente Cooper poseído por el mal no gustó a la audiencia, y pocos esperaban que Twin Peaks fuese a tener mas vida después de aquel cierre.

Pero 25 años después, esta 3ª temporada sorprendió a los espectadores y a la crítica (Cahiers du cinéma, julio-octubre 2017; Film Comment, 2017-2018; Sight & Sound, 2018) con una temática aún mas inesperada y laberíntica que desafiaba la ortodoxia de las series contemporáneas: una narrativa mínima, un montaje en bloques desconectados y desconcertantes contorsiones espaciotemporales en las que el pasado parece suspendido de una especie de “no tiempo” mórbido. La “reinicialización” de Dale Cooper y de otros personajes en la Habitación Roja/Logia Negra a través de sucesivos dobles o “doppelgängers”, el trabajo ectópico y surrealista  de la división “Blue Rose” del FBI, los nuevos personajes y escenarios en los que el Bien y el Mal mueven lentamente sus peones, modificaron radicalmente la continuidad de la serie de los 90. De nuevo Badalamenti, y ahora también unos inesperados directos de selectas bandas de rock como “Cactus Blossom” o “Au Revoir Simone”, ponen la música a este extraño y sugestivo ceremonial.

David Lynch (1946-) es un artista plástico, músico, guionista, actor y director de cine cuya obra el público ama o detesta, dejando pocos indiferentes (Lynch y Mckenna, 2018). Desde su primera película, Cabeza borradora (1977) hasta esta nueva Twin Peaks, Lynch ha dicho de si mismo que es un pintor “que hace que los cuadros se muevan y se oigan”. En otra ocasión dijo que “su pintura abarca todo lo demás y que nunca ha dejado de ser un artista plástico” (aunque, a decir de algunos expertos, no sea de los buenos). El interesante documental de Nguyen (2017) sobre el trabajo de Lynch muestra muy bien las a veces divertidas y siempre exasperantes consecuencias para el equipo de rodaje de su vocación plástica.

Los nuevos episodios de Twin Peaks son un ejemplo televisivo de la evolución de las denominadas narrativas “no convencionales” (Buckland, 2009) que aparecieron en el cine comercial americano de los años 90 desafiando las reglas de la dramaturgia convencional (Bordwell 1985). No es ilógico pensar que estas nuevas  y discutidas narrativas, que algunos consideran producto de un mundo más complejo, más opaco, más ambiguo y fragmentado, dominado por los nuevos medios, generen en el espectador una “conciencia fílmica” (Shaw, 2008) diferente a la habitual.

Si se acepta esta 3ª temporada como una figuración del proceso mental de Cooper (o del propio Lynch), todo ese desbordamiento de conciencia vigil en forma ensoñaciones, ilusiones, alucinaciones, imágenes y, en general, “diferentes modos de funcionamiento mental”, o de “pensamiento-imagen-tiempo” en el sentido de Deleuze (1985), no parece tan diferente de los distintos modos de funcionamiento mental de cada ser humano.

Algunos estudios sugieren que leer, ver u oír una historia puede implicar  una diferente participación de redes neurales cerebrales en función de la “coherencia” o “incoherencia” del relato (Caballero y otros 2019). Parece que las narrativas “coherentes” o “convencionales”, tal y como Aristóteles convino en el s. IV a. C. en su Poética (1974), activan sobre todo “redes neurales por defecto” (el córtex prefrontal medial, el córtex cingulado posterior y el precuneus, esa estructura del lóbulo parietal medial clave para la memoria y la imaginación visual, la cognición corporal, la percepción del espacio-tiempo y el entorno social y la simulación del mundo interior).

Por otro lado, parece que las narraciones “incoherentes” o “no convencionales” requieren una mayor participación de las “redes neurales de funciones ejecutivas” como la atención, la memoria de trabajo y la organización finalista de una acción (localizadas en el córtex frontal dorsolateral). Que el precuneus esté más desarrollado en estudiantes de Bellas Artes y que su mayor tamaño y conectividad sean rasgos distintivos del hombre de Cromagnon que desarrolló el arte rupestre elaborado (Eaglemany Downar, 2016) son muestra de la importancia en los oficios plásticos de estas estructuras neurales. Viendo el documental de Nguyen (2017) sobre el modo de trabajo cinematográfico de Lynch, se diría que filma imágenes surgidas casi directamente de “redes neurales por defecto”, lo cual obligaría al espectador a activar sus “redes de funciones ejecutivas” para poner orden narrativo en la experiencia fílmica que le propone (si no lo consigue, no tiene que preocuparse: el propio Lynch dice que él ni lo intenta).

Puede hacerse una pregunta: ¿Qué ven en esta 3ª temporada aquellos a los que resulta fascinante? o, en sentido inverso, ¿qué no ven aquellos a los que deja indiferentes, aburre o les parece una tomadura de pelo? En el libro clásico de Klinger (1971) hay un párrafo que puede ayudar con la respuesta:

… Los seres humanos no consumen la mayor parte del tiempo en un tipo de actividad mental ordenada, sino en fragmentos de su propia experiencia interior: ensueños diurnos, fantasías, representación de imágenes, monólogos interiores errantes, sueños … Estos fenómenos mentales inconexos contribuyen en gran medida a definir la singularidad y el estilo de cada ser humano, su humanidad les confiere un gran interés intrínseco. Pero, mas allá de ello, un conjunto tan prominente de actividades mentales no puede carecer de función …”.

A David Lynch, esa función le permite pintar y hacer cine que hace. Los episodios de esta última temporada parecen una ventana abierta a través de la cual se contempla el (siempre) caótico interior del Otro. A algunos les fascina esta experiencia. A otros les disgusta, o no les dice nada.

 

Bibliografía 

  • Aristóteles. Poética. Madrid: Gredos, 1974.
  • Buckland W (ed). Puzzle Films. Complex Storytelling in Contemporary Cinema. Chichester (UK): Wiley- Blackwell, 2009.
  • Bordwell D. Narration in the Fiction Films. Madison: University of Wisconsin Press, 1985.
  • Caballero L, Fernández P, Izquierdo A, Del Sol P, Escudero A y otros. Unconventional film narrative in the rehabilitation of severe mental illness: an experience with “Twin Peaks” (poster). American Psychiatric Association Annual Meeting. San Francisco (CA), 18-22 may, 2019.
  • Deleuze G. L´ image-temps. Cinema 2. Paris: Les Éditions de Minuit.
  • Eagleman D, Downar J. Brain and Behaviour. Oxford: Oxford University Press, 2016.
  • Klinger E. Structure and Functions of Fantasy. New York: John Wiley & sons, 1971.
  • Lynch D & Mckenna K. Room to Dream. New York: Penguin Random House, 2018.
  • Nguyen J. David Lynch. The Art Life (documental). BFI Player, 2017.
  • Shaw S. Film From Phenomenology to Deleuze. Jefferson (NC): McFarland, 2006.